El universo del color

El color añade belleza a nuestras vidas, pero además de esto, cumple importantes funciones de señalización en los humanos tanto innatas como aprendidas. El mundo natural nos ha proporcionado muchas señales que nos ayudan a identificar y clasificar los objetos, facilitando así  la organización perceptiva. La capacidad de distinguir unos objetos de otros, y en especial para ver un objeto sobre un fondo, como puede ser la flor en medio de un campo, o una persona entre la multitud, se ve apoyada en gran medida por la capacidad de ver el color. De hecho, esta capacidad es esencial para la supervivencia de muchas especies. Se cree que en la evolución de las especies, la percepción de los colores podría haberse desarrollado para ayudar a detectar la fruta en el bosque.

Sabemos que los colores producen reacciones emocionales en nosotros y estudios psicológicos han mostrado que pueden influir en la presión sanguínea, los latidos del corazón, y en el ritmo de la respiración. El mismo Kandinsky, en su concepción anímica del color mantenía que “el azul es el típico color paradisíaco ya que proporciona una sensación final de descanso, pero cuando está a punto de hundirse en el negro, evoca un dolor que casi no es humano.”

Por lo general el azul es el color de todos los buenos sentimientos que no están dominados por la simple pasión, y el rojo, de todas las pasiones, las buenas y las malas.

El rojo, por ejemplo, fue el primer color propiamente dicho que recibió un nombre, y es probablemente el primer color que los recién nacidos pueden ver.

El término “rojo” que ha sido visto como el color “por excelencia” de la vida, deriva del sanscrito “rudhira” que significa “blood”(sangre). En el lenguaje inca aymara, un sinónimo de “grana” (en español carmesí), era “vila” un término que significaba lo mismo que el anterior. “Bermellón”, por ejemplo, era el término común español de “rojo” en la Edad Media, y el “escarlata” posteriormente había venido a significar el color rojo mismo.

Especialistas biblícos han sugerido que “Adán” significa tanto “rojo” como “vivo”, y por cuestiones genéticas, alzan la evidencia que los hombres caucasianos disfrutan de una vista “rosácea” del mundo debido a su sensibilidad a la luz roja.

Aunque tanto el azul como el rojo tienen un gran protagonismo cromático, es el púrpura el color más admirado en la Antigüedad ya que tanto para Platón como Aristóteles era el color más bello. También  Goethe muestra una gran predilección por este color, no obstante  mantenía que el color púrpura de los antiguos tiraba más al azul.

El púrpura es un concepto cromático surgido en la Antigüedad, y podía variar del rojo azulado al rojo intenso. Tanto en la “Iliada” de Homero como en la “Eneida” de Virgilio, se mencionan ropajes teñidos de púrpura tiria. El tinte era extraído de dos especies oriundas del mar Mediterráneo. El colorante se producía en una glándula llamada “flor” cerca de la cabeza del molusco. La palabra griega que se asocia al púrpura es “porphyra” que en latín se escribe “purpura”. El púrpura también es el color de nuestros bastones, los fotorreceptores de la retina.

Isidoro de Sevilla, por ejemplo, sostenía que la palabra “púrpura” derivaba de puritate lucis que significaba “pureza de luz” y para Goethe era el color elemental, el más valioso, el más seductor y más representativo de la visión. Se refería a él como aquel que “está contenido ya en acto o en potencia en todos los demás colores”. Igualmente se percató de que el púrpura no aparecía en el arco iris y lo consideró como una carencia de éste :  “Se ha considerado hasta ahora  el arco iris injustificadamente como un ejemplo de la totalidad cromática  pero  le falta el color capital, esto es, el rojo puro, el púrpura”.

Finalmente, uno de los aspectos más importantes del color es que influye poderosamente en nuestro sistema nervioso,  y al igual que hace el pintor, tiene la gran facultad de emocionarnos. Éste es susceptible de una extensa gama expresiva, y de un gran valor estético. De aquí que el concepto melódico del color se apoye en lo hedónico, lo grato, lo dulce, placentero y al mismo tiempo, en lo algedónico, lo triste, trágico, luctuoso, y lo terrible. Por todas estas características,  Perez Dolz denominaba propiamente al color, el vestido emocional de la forma.

Goethe . Círculo Cromático

BIBLIOGRAFÍA:

YSLAND (ed.) ; Imago artis. Fundamentos de la percepción en la experiencia artística . 2020.