Homo ad quadratum et ad circulum: Hombre de Vitruvio.

El gran embalse de la teoría de la proporción en las artes visuales, era la teoría de la arquitectura, y en el Renacimiento estaba totalmente identificada con los escritos del arquitecto romano Vitruvio.

En ellos, y más concretamente en el libro III, nos encontramos con las conocidas afirmaciones acerca de las proporciones de la figura humana que debían reflejarse en las proporciones de los templos:

“Los jonios – nos explica Vitruvio – modelaron las columnas de su templo dedicado a Apolo, sobre las viriles proporciones del hombre, el cual determinaron sobre la base de que “el pie era la sexta parte de la altura”. “Cuando ellos desearon construir el templo a Diana en un nuevo estilo de belleza, trasladaron estas huellas en términos de características de la esbeltez de la mujer, y por esto el espesor de las columnas era sólo una octava parte de la altura.”

Este canon de las proporciones del cuerpo humano de la Antigüedad Clásica, estaba distribuido por un lado, de  un canon aritmético práctico de coeficientes aritméticos enteros o fraccionados, cuyos elementos encontramos en Vitruvio y que es transmitida a nuestros días por Paccioli y Leonardo entre otros.  Y por otro lado, de un canon geométrico ideal, basado en la sección aúrea como el que se ha reconstituido según el Dorífero de Policleto, que es el formulador de la antropometría clásica griega.

De los estudios de Leonardo podemos afirmar que coexisten las proporciones de Vitruvio (la unidad de la “cabeza” 1/8, 1/10 de la longitud total) con el canon de Cennini, 1/9 de la longitud total del rostro, el cual  a su vez procedía de un canon medieval.

También de  Battista Alberti  obtenemos  un esquema denominado el “exempeda”, en el cual la longitud del cuerpo se dividía en “pies”, donde cada pie era igual a 10 pulgadas, y cada pulgada a 10 unidades mínimas. La exempeda era una regla fina de madera tan larga como la longitud del cuerpo, que podía medir desde lo alto de la cabeza hasta la planta del pie. Con la exempeda medían la longitud de los miembros y con las escuadras todo lo demás.

Durero siguiendo todos estos pasos e influido enormemente por la figura de Vitruvio  logró poner de manifiesto tales resultados en el buril de Adán y Eva  en 1507.

La comparación entre sus diseños con los  de las figuras humanas de Villard de Honnecourt hace aparecer claramente que el objetivo era bien diferente.

A diferencia de Villard de Honnecourt, en el que l las figuras se producen por introducción de formas naturales en el esquema geométrico, en Durero, este esquema se produce  por la superposición de la construcción adecuada a las formas naturales. Tampoco en los diseños de Villard se observa que realice algún comentario sobre  los gráficos que ayudan a trazar las figuras. Por el contrario, hay una voluntad de transmitir un mensaje, un método para memorizar más fácilmente un cierto número de datos, o de relaciones,  que son útiles para su forma de obrar. Su famoso álbum utilizaba el pentagrama con trazado directriz, tanto para la cabeza y el cuerpo humano, como también  en animales y plantas. Villard estaba muy influido por el texto de Vitruvio, ya que en la Edad Media la estética de las proporciones era prácticamente la misma que en la Antigüedad Clásica, aunque con un giro cada vez más cualitativo y metafísico.

De esta forma, se pudo conseguir finalmente  que las proporciones del cuerpo fueran elogiadas como una encarnación visual de la armonía musical, reduciéndose a principios generales aritméticos o geométricos, con la particularidad de incluir en ellas a la sección áurea.

Y así fue como la figura vitruviana se convirtió en un símbolo de correspondencia matemática entre el microcosmos y el macrocosmos ya que  para el Renacimiento, la simetría de las partes de la correcta construcción del templo y las partes del cuerpo humano, son un modelo de medida para el “hombre bien proporcionado”. Y fue con la ayuda de la perspectiva artificialis como se pudieron acercar a este ideal de una antropometría puramente científica.

Esta prueba concluyente de la armonía y perfección del cuerpo humano, Vitruvio lo describió cómo un hombre bien formado, con los brazos y las piernas extendidos, que encajaba perfectamente en las más perfectas figuras geométricas del círculo y el cuadrado. Esta sencilla imagen parecía revelar, una verdad profunda y fundamental acerca del hombre y el mundo, y llegó a tener una gran importancia para la gran mayoría de los arquitectos del Renacimiento. La podemos encontrar en el códice di Francesco de Giorgio de la Biblioteca Laurenziana,  el cual estuvo en poder y fue anotado por Leonardo Da Vinci.

Cesarino, conocedor del dibujo de Leonardo, le dedicó dos ilustraciones a toda página con un extenso comentario en el que llegaba a afirmar que con la figura vitruviana podían definirse las proporciones. Habla del término “commensurare” que implica la medida común, y del mismo modo, la armonía de todas las cosas existentes en el mundo.

La proporción del “homo bene figuratus”, supone un clara abertura a la fundación de las teorías de la proporción basadas en anatomía y matemáticas, quedando integradas las nociones de arquitectura en nociones de diseño natural, antropomórfico y biológico.

Hay que tener en cuenta que tanto el cuadrado como el círculo, eran elementos muy significativos en la cultura clásica y en el Renacimiento. Nueve de las doce plantas de Serlio apropiadas para las iglesias están basadas en el círculo y en el cuadrado.

E igualmente Palladio,  aseveraba al igual que el anterior, que “la formas más bellas y más regulares, y aquellas de las que reciben su medida las restantes, son la circular y la cuadrangular.”

En el caso de Alberti, recomienda nueve figuras geométricas básicas y todas ellas determinadas por el círculo,  porque asegura que la propia naturaleza prefiere las formas redondeadas por encima de las demás, y esto  lo muestra con gran detalle en el “De re aedificatoria”.

Dentro de la  Antigüedad Clásica,  Pitágoras era  el que consideraba que el matrimonio bien avenido entre la línea curva y la línea recta daba nacimiento a la belleza, y por consiguiente a la unión armónica de la naturaleza con el hombre. Para los pitagóricos, la armonía era un sistema cuantitativo, un sistema matemático que dependía del número, de la medida, y de la proporción. La buena proporción era la “symmetria” y constituía una propiedad objetiva de las cosas.

Después de la época clásica surgió el concepto de “eurythmia” que con el tiempo adquirió la misma categoría que  la simetría. Ambos conceptos significaban orden, pero la simetría apelaba al orden cósmico o belleza absoluta , mientras que la euritmia al orden sensual, o la belleza del ojo y el oído.

De este modo,  el Renacimiento pudo fundar  la interpretación cosmológica de la teoría de las proporciones con la noción clásica de “simetría”, entendida como el principio fundamental de la perfección estética.

 

C.Cesarino. Vitruvio , 1521

BIBLIOGRAFÍA:

YSLAND (ed.) ; Imago artis. Fundamentos de la percepción en la experiencia artística . 2020.