La neuroarquitectura entre Jonas Salk y Michel Foucault

Desde de que Jonas Salk, el creador de una de las vacunas de la poliomielitis, se dio cuenta que para fomentar la creatividad era muy importante el espacio que nos rodeaba, las neurociencias y la arquitectura pasaron a ser definitivamente dos disciplinas importantes fusionadas en una sola para conseguir la creación de estímulos positivos en el diseño del espacio exterior. En su viaje a Italia, y tras instalarse en un monasterio del siglo XIII que invitaba a la reflexión, a la belleza y a la introspección, Jonas Salk se percató   que la arquitectura era un medio de inspiración que podía proporcionar   un pensamiento intuitivo y gracias a él fue como logró su gran aportación al desarrollo de la vacuna.

La arquitectura es capaz de influir en nuestro estado anímico, potenciar una serie de capacidades que forman parte de nuestro proceso perceptivo, y puede reducir o aumentar los niveles de cortisol según las sensaciones que se producen en todos nosotros. En el caso de Jonas Salk, el resultado no pudo ser más productivo y los neurotransmisores de la atención, de la motivación, y el bienestar, como la serotonina, la dopamina, y las endorfinas cumplieron con su función original de crear ese estado ideal que le condujo al hallazgo que detenía la transmisión de la enfermedad infecciosa. La arquitectura en este contexto se convirtió en un instrumento muy poderoso para estimular una función que hacía frente a algunas de las carencias que invaden la vida de los seres humanos y que tenía relación con el ambiente de trabajo, y, del mismo modo, actuó a modo de fármaco potenciando el efecto del organigrama de los estados afectivos imprescindibles para el proceso creativo.

Sin embargo, lo mismo que la arquitectura sirve para funcionar como una forma terapéutica que propicia   sentimientos que generan un estado de placer y bienestar, también puede crear sentimientos antagonistas que impiden o constriñen dichas experiencias o estados mentales.

Foucault observó que el principio del modelo arquitectónico del panóptico se extendía a muchas más instituciones que a las que se dirigía en sus orígenes, y a su vez no dejaba de ser un elemento de control de los individuos que transformaba a los seres humanos en personas muy dóciles, útiles y muy manejables. La exclusiva finalidad del panóptico se limitaba a estandarizar a la población, a anular su pensamiento crítico centralizando todo el poder sobre él, y uniformizar su comportamiento con fines completamente igualitarios.

En cuanto al aspecto de laboratorio, el panóptico podía ser utilizado tanto como una máquina de crear experiencias que hacía posible la experimentación sobre los seres humanos y sus vidas, como de una modificación íntegra de sus comportamientos para encauzar o perfilar esa misma conducta de los individuos sometidos a dicho ensayo. El panóptico era polivalente en la mayoría aplicaciones porque servía para una infinidad de menesteres ordinarios que iban desde enmendar a los presos, curar a los enfermos, instruir a los escolares, vigilar a los obreros, hacer trabajar a los mendigos y a los ociosos, hasta encerrar con total seguridad a las personas que eran diagnosticadas con problemas mentales. Con él se podía acceder   con total certidumbre a todas las trasformaciones que se pudieran dar en los distintos ámbitos personales y, sobre todo, como dice Foucault, a conceder “al espíritu el poder sobre el espíritu” condicionando claramente el marco de actuación de la conducta humana.

En la actualidad, la escuela, que en lenguaje de Foucault son los restos de una heterotopía de crisis, se puede decir que es la que más se aproxima a la estructura arquitectónica de la prisión con sus pabellones, el patio y el cierto tiempo reglamentario para poderlo utilizar. Asimismo, cumple con total rigurosidad con las funciones que se asocian al sistema penitenciario como la disciplina, la vigilancia y la reeducación. La prisión, a diferencia de la escuela y las heterotopías de crisis, corresponde a lo que Foucault denomina heterotopía de desviación cuyo comportamiento se desvía en relación a la norma exigida y está determinada por la definición que los miembros de la colectividad le atribuyan. Estos espacios delineados por la sociedad se definen en base a la instauración de un emplazamiento real como el caso de las heterotopías, o en base al establecimiento de un espacio irreal como el caso de las utopías, con la peculiaridad que han podido ser reemplazadas por otras distintas o similares a lo largo del desarrollo de la historia. Para Foucault era totalmente inimaginable que una sola cultura en el mundo no constituyera una heterotopía, por el hecho de que era una constante de todo grupo humano, una manifestación del estilo de vida de la sociedad y un reflejo de su idiosincrasia.

Así que si, por un lado, el ejemplo del monasterio como un lugar que invita a la relajación, el silencio, y la creatividad se ha impuesto como un modelo de incitación a la poiesis científica  con el ejemplo de Jonas Salk, por otro lado, nos encontramos que vivimos dentro de espacios cerrados, de sometimiento, vigilancia y manipulación característicos de nuestra sociedad panóptica, produciendo el efecto contrario y reduciendo el componente creativo de los seres que lo conforman.

En la actualidad, el ojo que todo lo ve parecido al ojo de Dios sobre el mundo y que es el principio fundamental del modelo de Bentham, también se ha llegado a infiltrar en las nuevas tecnologías y en el mundo digital provocando que no sea posible encontrar ni una sola superficie que no corra el riesgo de ser complemente vigilada. Sensores, cámaras, y detectores de movimiento provocan que esta sociedad sucumba a una nueva realidad virtual en aras de un nuevo dominio, de vigilancia y control, desvirtuando el concepto mismo que delimita lo que es real y lo que no lo es, así como la frontera de lo que es público y privado. Estas mallas del poder que en su faceta virtual siguen siendo  aquellas mismas  formas heterogéneas de control que abarcaban todo el escenario donde se desarrollaba  la vida social, continúan hoy en día con sus  sistemas de relaciones de tipo reticular donde todo está relacionado con todo, y es lo que hace posible que  el mismo principio arquitectónico y estratégico que las alimenta cree nuevas relaciones de fuerza que se acaban imponiendo  y sustituyendo a otras menos eficientes según  el marco de la actividad social donde se desarrolle.

Llegados a este punto la pregunta que cabe plantear aquí es si realmente, ¿Podrá la arquitectura algún día cambiar definitivamente ese discurso del poder que se resiste a perecer con el tiempo con ese modelo arquitectónico panóptico que delimita y constriñe el espacio necesario para hacer más creativos no sólo a individuos particulares sino al conjunto de la sociedad? ¿O simplemente seguirá siendo la gran artífice para que sólo unos pocos elegidos puedan lograrlo en contadas ocasiones?

Sea cual sea la opción con que sólo una persona se pueda beneficiar de sus ventajosos efectos se puede afirmar que ya cumple con su cometido.

Arquitectura paralelepípeda.
Heterotopías. Ysland (2020)

BIBLIOGRAFÍA

FOUCAULT. M; Vigilar y castigar nacimiento de la prisión. Siglo XXI editores, Argentina, 2002.

FOUCAULT. M;  Estética, ética y hermenéutica. Obras esenciales volumen III, Paidós Barcelona 1999.